En el número anterior me llamó la atención que esta sección se quedara vacía, pero cómo bien explicaron, tenemos libertad para escribir sobre el tema que cada vez nos parece más interesante. Pues bien, este mes he pensado que podría resultar atractivo contar algo de mi breve historia como catequista. Todo empezó en el colegio que he estado desde niña, tras confirmarme pensé que no podía dejar a un lado aparcada mi religión, mis creencias. Para seguir avanzando en este camino empecé una catequesis de pos confirmación; dónde, además de crecer en mi fe, me preparé para poder ser un día la persona que guía un grupo. Mientras recibía este aprendizaje estuve unos meses en un grupo con niñas más pequeñas, lo que nosotras llamábamos un grupo misionero.
El año que empecé realmente como catequista, era un año lleno de cambios en mi vida, comenzaba mi época universitaria. La catequesis fue, además, una manera de seguir unida al colegio y de continuar andando en este camino que en el momento en que vivimos a veces puede resultar un tanto complicado.